miércoles, 16 de febrero de 2011

El Castillo de la Inocencia

Ella estaba sentada en el banco de siempre, en el parque de siempre. Donde de pequeños soliamos imaginar que los àrboles eran el castillo y las piedras los tronos, donde teniamos nuestras aventuras caballerescas.
Esa chica que nunca queria ser la princesa sino, un caballero con espada en mano. Soltè una sonrisa al pensar en esto, me hacìa feliz y a la vez sentìa esa nostalgia que era tan frecuente.

Lo inocente y lo simple que eran las cosas para hacernos felices y soltar una risa.
Ella siempre estaba allì para hacerme reir y olvidar mis penas. Esa chica tan extraña pero a la vez tan encantadora.
Ella se sabìa mi vida pero yo la suya no.
Algo escondìa y me dolìa que no me confiase esa informacion.
Aunque en el fondo sabìa que eso me daba igual y que nunca iba a forzar a que me lo dijese.

Han pasado seis años y la amistad es la misma y si es posible màs fuerte.
La imaginaciòn es la misma pero a la vez diferente y nos centramos màs en las aventuras cotidianas que otra cosa.
Añoraba esto y me veìa obligado a vivir en un mundo a ritmo con los demàs, sin esa libertad y con miedo a ser rechazado.
Pero ella no, ella no tenìa esa inclinaciòn a encajar con los demàs, yo querìa tener esa cualidad que de ella tanto destacaba.

Ahora tenemos dieciseìs años y las cosas han cambiado. Ya no lloramos porque se nos haya roto nuestro muñeco favorito. Ahora lloramos por pèrdidas y desamores, porque gente del exterior nos hace daño.
A veces se me ocurre la terrible idea de que serìamos màs felices si sòlo fuesemos nosotros dos en el mundo.
Es una idea absurda pero la imaginaciòn es lo nuestro.

Al acercarme a ella sabìa que algo iba mal.
Su largo cabello la ocultaba la cara mientras miraba al suelo con los brazos cruzados.
Ella de costumbre venìa y me soltaba una gran sonrisa a la vez que una tonteria para hacerme reir. Esas tonterias graciosas con las que sabìa que me lo iba a pasar bien.

Pero cuando me sentè a su lado ella tardò un momento en darse cuenta de que estaba allì.
Su cara estaba cubierta de làgrimas y ràpidamente se secò la cara con la manga.
No sabìa a quien pretendìa engañar pero no la pregunte porque lloraba.
La abracè ya que en ese momento no se me ocurriò otra cosa que hacer.
Nunca la habìa visto asì y era como si me clavasen un puñal en el pecho. Que pasò con esa chica alegre? Quièn la habìa hecho esto?
Yo era el ùnico que estaba siempre a su lado, el ùnico que no la hacìa llorar. Pero hasta yo no la podìa ayudar a escapar estos daños.
Normalmente era ella la que me apoyaba en mis problemas y me resultaba muy frustrante no poder hacer nada por ella.
 
Fue cuando ella me sonriò a traves de esas làgrimas que me dì cuenta de que yo era la ùnica persona con la que ella querria estar en ese momento y se me volviò a ocurrir la terrible idea de que serìamos màs felices si sòlo fuesemos nosotros dos en el mundo, en nuestro anitguo castillo de la inocencia.
 

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